me queda algo importante por tener en cuenta
no sé si es que vas a morir mucho antes que yo
o que le falta hielo a la copa de whisky
si es por frío, tengo hectáreas que no llega el verano
guardadas en mi tos y en su defecto la caligrafía que no logró destruir
el hierro se oxida con las lágrimas
lo sabes, lo sé
por eso, te vas a lejos a llorar
que no miren los cuervos
que no lleguen mis oídos
y yo le pongo cuchillos a lo que tengo miedo que ocurra
pero al final, me clavan dentro, igual que si dejara a la dulzura llorar
o despedirse de ti.

vestías con la deuda de la muerte
te despojé del nombre
en la transmutación poética
y eras yo y eras mis huérfanos
mordías cristal porque mirabas blanco
o era la cicuta y no teníamos alma
la vida quedó afuera, como si la llevaramos delante y en el cielo
y los virus para las antípodas o el reguero con barro
que nos vio al día siguiente
beber como si quisiéramos la eternidad.
Entre lo borrado tu gramática cava la muerte que el olvido esta noche
como urgencia
como as de bastos
buscará tus labios
tu carne
dentro de una jaula
con la oscuridad como crucifijo
cruel sería no verlo
gritando
escucha
como ruega
como acuchilla
el axfisiado de vida
en tus manos cosido
con mi sangre.
Por qué mirar el plato con cristales, la ventana con las tumbas gritando unas ganas de cavar más la tierra
si crecen detrás de las montañas, los mares en los que te vi
si después de mí también está el sueño
si engañar a ese dolor no miente más que sus ojos de cuchillo
si no sé si servirá por qué caer
ahora, que tengo lo que necesito para ser libre
por qué probar el cianuro
si todo es igual al día que fui feliz.
No podrías ahora hablar de la nostalgia
no porque no hayas perdido
ni porque no te hagan llorar los pájaros que te llevan a su arena
no puedes hablar
porque las ciudades echan humo
y su asfalto arde
y  han pasado los camiones de la basura
y nadie ha preguntado nada.
la tiranía de las cortinas que lavas y tiendes y sustituyes
con los caramelos dibujados que robaste a un verano que no era el tuyo
en tus pupilas muerte, tus arrugas demasiado tiempo perdiendo la hora
y mi vida, que es otra, lleva también tu musgo abandonado
como si fuera un réquiem
o hubiera visto demasiadas veces la sombra quedarse sin cuerpo.
estoy donde todo es futuro, te espero en esos árboles a la vera del río y en esa cicuta que sangra la noche, no puedo decir nada ahora, porque aún no he llegado y temo que me engañen las ortigas.
qué tristeza para cerrar la puerta y no oír nada, no recordar dónde caminas y en qué cielo recoges las  palabras que alimentan mi vida, como si me doliera la belleza, por una deuda con la sal o por un kamikaze deseo de polvo.
Desgasta, en su línea torcida, las palabras que quieren quedar en paz
como si ardiera la llaga o estuviera cayendo
se difuminan con las letras agónicas su razón de calma
y miro atrás, donde estaba lo que fue
y veo lo difuso, lo roto
porque a veces, sucumbe el espacio
al motivo de la muerte
o me duelen los prados tanta belleza.
pasa fugaz, pasa primitivo
el ser que ve o lo que es visto
en el cuarto a solas, le salen a las manzanas manchas
se va detrás de la lluvia, la frontera para pararse, antes de que se afilen las hojas
y corta al final
el precipicio de verbos
que se quedan con la acción precipitándose
como una flor venenosa pasa la tarde
la luna se agranda y canta la vegetación
también la muerte
que guarda sus recados
para lo que viene después
cuando haya perdido la conciencia de humana
al abrir los cajones y llorar papeles
que preguntan algo
que yo no debo saber
y no desisten.
es la angustia
separando los libros
como una jodida puerta de salida que lleva más adentro
donde salen rodando las piedras
y caen las torres
hace tanto tiempo, que no es sorpresa, sus manos azada de lo que era vida
no tiene razón de mercería, ni de puerto
ni aquí al lado ni un poco después
es la barbarie que no tiene que llegar a ningún sitio
y en su abstinencia, hace cristales de las flores e inciensos
que aquí, después de la lluvia
perdidos en el suelo se clavan en la carne
y nada de vendajes ni llamadas
sólo sangre.
porque suena la tormenta y hoy no dije nada que quedara para luego, que pueda siquiera decirse, cuando llegue la noche... porque quiero decirte de la belleza que no me encuentra, del profundo que va llenando el lenguaje al asombro que corta mi aire como un desfile de muertos, porque veo caer el agua y ponerse más gris el cielo y los prados no son los prados, ni estoy aquí mientras entra por la ventana la lejanía del mundo...
Se va, cuando todo está ya listo y pagada la cuenta, a buscar los gorriones en la traición del alba, cuando los invitados, esperan la liturgia y los cisnes aún viven, se va en busca del renglón torcido y la penumbra del ángel, donde no lleguen las huellas de la lluvia, como un espejismo o cruel amor, huye porque sueña en el márgen de los bosques, con su mar, que tan lejos que le moja el alma.
Cayó en un vaso de cristal como un cuchillo y pasan los trenes por las viejas vías que nos vieron jugar a morir, y somos inmortales porque ya lo perdimos todo, eso quiero creer para no echar de menos, eso necesito para vivir, vendrán los días del hierro y la cicuta, la no razón para tener notas a pie de página, el absurdo del absurdo en la pared del existencialismo, con las manos tan vacías que entraría la muerte y tu cuenta naranjas, mi resta otoños, mezclados por el orden de lo que no debería ocurrir, y saldríamos ilesos como la piedra, como el agua que ahora cae y no trae noticias de los cometas.
Se desrrealiza el campanario en la mancha psicoanalítica del cenicero, tu rostro, empuña los restos del fortuna o acaso el día que dijiste adiós, como sea es amenazante, el martes y el miércoles, en una sala de espera con los tropiezos de una vida defendiendo una farsa convertida en un paralítico con ganas de morirse, delante de nosotros, durante horas delante mientras pasaban los que tosían, los que sangraban y los que debían tener algo muy grave y les daba igual entrar o no, el calor era axfisiante y nuestra enfermedad era absurda, incurable y contraria a las normas de convivencia del centro, después de aquello, te vi recogiendo hojas en un parque o acaso era yo misma y estaba esperando que acabara la jornada laboral y volver, volver.
Aguardas el espacio en blanco, el vacío, que llega o se va, entre las palabras rotas, de una dentadura mordiendo flores en la digestión imposible de una lágrima de prado, entrando en ti, como el peligro, desprender la palabra del puñal que la hace, cuando de entre todo, huérfana cada parte de su nombre, por este arder, de algodón, en el cuarto a solas, que imposible quedarse quieta como si la vida fuera esto y no esperara, esto y no la gloria ni los jabones caseros ni la escalera de aullidos.
Los días afuera, en el cartón que guarda lo inservible, como si no pudiera llegar y viniera encima el listado de promesas sosteniendo una pistola, y el cambio inevitable de las corrientes, hacia la fuga y el quemar de los prados en el límite de los ojos, el tener dentro la huída como un papel, como cada segundo, derramada, hambrienta, de mí cuando soy menos un país, no llegando a las amapolas, expatriando mi caja de sorpresas a un vagón lleno de sal, esperando que algo termine y no sea la vida.
después de sus horas derramadas en unas manos que abandonan o aprietan tan fuerte que vuelven hielo el tacto, el día, asoma ahora, en el cuaderno de las fechas suicidas, estaban tus margaritas y el insomnio, la colmena de sal, el agravio, el latido, la carcoma, y meses después, que no era enero, sino después, ni un martes, ni el comienzo de la primavera, sólo después, destazando la pupila, el negro espejo, el negro persiana, en la frontera de un poco más, y no quedara el nombre, un día más y tendré que olvidarlo todo o hacer algo que no sea llegar.
pasas la hoja
el no sentido está aquí
es con lo que te vistes y te desnudas
viene a hablarte de verdad y a tachar el abuso de clemencia
es sangriento y leve
como mirar el bodegón, como las palomas
no eres en sus manos, porque sus manos son lo que eres
bañándote con las flores
y el olor de la hierba de las brujas
qué placer de no vivir o vivirlo todo
en este segundo que abre la corriente
y el portazo retumba en la enfermedad que la familia le puso a la palabra
y te intoxicas
tanto que a salvo
ya está aquí el idioma que no entiendes
y usas para pedir
un vaso de agua
o una droga tan fuerte que vueles tú y el mundo...
estabas hace un momento en una guerra de tejados, viste caer el agua, sobre su cabeza, mojarle todo, helarle el alma, lo viste vencido irse con todo el cielo encima y el sombrero roto y el corazón una flor deshojada, como el pájaro más fuerte, pero de pronto, ¿qué miras? ¿dónde quedó el agua? ¿qué clase de nada viene a torcer la línea? para la cazuela o el ciego o la mariguana, no, es peor que todo eso, es la de subir el tren y perder el mundo.
estás frente a todo y caen los vasos con el vino de sus ojos almendra, a tu suelo arrepentido de no caer donde las flores dejan los pétalos o la sangre de su pájaro, vencido cuando dijo adiós
de la inconsciencia, pusimos los cartones, alguien pagó lo que pedimos, pero no llegó a hacerse realidad la vértebra de polén 
se fue o acababas de llegar, y las ganas de correr, te alejaron para siempre, como a una nube, como a la suerte
los gusanos, nunca abandonaron el huerto
y los vestidos, los espejos, las ganas de drogarse, dibujaron tu voz otra vez
venía con los gorriones
y mezclaba, con la muerte
lo que queda para vivir
no temas, será fantástico
la sidra cubrirá los ojos del muerto
que no le dirás muerto, porque fue tu vida
y le dirás por su nombre y  con lágrimas en los ojos
toda la belleza. 

Vivo con un remordimiento en el que me sé inocente, pero es culpa caprichosa que no necesita hechos, porque es como esas golondrinas que lloran la tierra a la que no volverán, como ese papel lleno de tinta que sabe que ha perdido sus palabras, es un remordimiento que crece cuando miro en la ventana, ese azul y ese sol y esas ganas de reír, es un quiero marcharme y no dejar noticias y un por qué no escribo como antes, de ese antes que no sé si ayer estaba, si será esto cuando mire mañana, si hace demasiado o es que no llueve, si no he llorado hace mucho y son las lágrimas las que hacen el boceto que viene a morir al qué bello el verano, qué ganas del licor sangriento.
Cuando gana la gana de la no gana, tengo tanto tiempo que olvido que voy a morir.
El desorden bajando la persiana, del desalojo de la tarde en la escalera, la trampa es hacer que no sucede y el trombón de insultos en los balcones, liar el cigarrillo y esperar que termine el día, que sean mañana otras las absurdeces o los grandes recados del destino, de este pasar y soltar la cuerda y regar las flores, con una sed derramada en la bisagra que le falta a la puerta, para callar y entender los relojes o acaso el grifo que gotea.
como saber que una copa más es la muerte del padre o el teatro, está muy lleno, no se puede respirar y me empujan los realistas, como poner en ebullición la datura y escuchar su pestilencia preguntar hasta dónde estás dispuesta a ir, con las flores blancas que son el útero de la muerte o poner una lágrima en la lista de las deudas y dejar a los enfermos, enfermar o mirar el hueco en tus manos, dándome la pobreza que habré de llevar si creo aún en la vida.
Se disocia aquí, el día que está ocurriendo, hacia otros días que ya han pasado o que jamás podrán besarnos, como no haber nacido o vivir tanto, que no distingo si es el cielo o un vaso de ginebra.
caminas entre el polvo, nadie como tú para no tener nada y sonreír como si fueran bien las cosas
las cosas dejaron de estar a mano o se petrificaron en el cableado de los tejados de enfrente
me duele pensar que dentro de unas horas estaré jodida
quiero decir que este minuto en el que todavía estoy a salvo sé con certeza que morirá
como cuando va cayendo un vaso y el suelo espera los trozos
y no depende de mi visión, de mi proyección, de la positividad
otra cosa es después que siga tirando, que canten las golondrinas, que use el pegamento
pero cae, se esfuma algo, se mancha del humo que espera al final del día
lo estoy ya viendo
mi calma temblando en la transición a la angustia
esa que rompe las paredes
esa que ya viene
que dirá con sadismo de la belleza de la plaza
cuando en un rato pase por allí.
entre el silencio que le paso a la mesa se escapa el cuarto del cuarto
el grito de las flores, entra por la ventana, viene detrás de la ciudad, muy lejos
y en el atardecer se puede escuchar, sólo en el atardecer
si callas
la gazania y la amapola, la azalea y la cicuta
vienen del allá, escondidas en el aire
trepando en los sepias
porque cuando el sol va a caer
sólo ellas lo despiden
con su canto triste y su sueño agua
y cuando lejos de los prados
no digas nada
porque oirás
sólo en el atardecer.
desmorona tu ventana, su rostro pálido
pegado al cristal, como una avería, como la esperanza de tu cielo roto
si la viste y era tan parecida a ti, que te espantó mirarla
mirar al suelo, tomar la tierra, manchar el paso
con una lágrima que cayó de sus labios formaste la palabra que ahora amenaza
tu vida
no será muerte, le susurra a una muñeca vestida de negro
y caen en los bolsillos las manos, cansadas de sujetar el vacío
y van, van las nubes a buscarla.
La tarde quema el silencio que he oído, ayer o más ayer que las ortigas que aún veo, junto a tu ventana, tan verdes y hermosas que tus ojos no dejaron de brillar, cuando cayó el sol, los poemas salieron de un agujero, habíamos caído cuando todavía estábamos a tiempo, en la cuchara  había una pesadilla que tomamos para no tener miedo, estabas soñando y se acercó y tocó tu piel, vio tu oscuridad y el cristal estaba completamente limpio, cuando cerró los ojos y se convirtió en una desgracia, la mecedora tenía el cojín de flores, y allí mismo fue, allí, donde te dejó la sangre.
 La evasión de la palabra...en la pantalla en blanco que no escribe, y ve, ve la historia de una lágrima y gime sal y gime nada o la caricia de la arena y cuenta ratos y suma algas, pero huye y ve el vino derramado en un cuerpo que sufre o la enredadera de mentiras que el poder sacude o el cielo tuberculoso encima de los avasallados y la congoja , la ciudad sudando neumonía y el hueco en el cajón y la amenaza y lo imperdonable, pero no alcanza, se va, se va entre los posos que arranca la mirada a perderse porque a veces exije la prisión, como beso de cicuta o cansancio o tal vez, sólo porque al cruzar la calle no se oyó ni una risa y los vencejos no estaban.
en el rumor de un cristal, veo tu sonrisa de esos tiempos acabados en un callejón, con los balcones altos y la parra y ese modo de querer decir adiós y servir otra copa y alejarse quietos en la misma mesa, como si adivinara la distancia en aquel todo ahora este nunca que no acusa ni deja más que el sonido de tu risa como era, como siempre, en algún lugar.
todo el sentido, en este segundo, derramado, escupido
la rabia de las horas viviendo nada
como si no estuviera porque me resté el suelo y cayó por mí la razón
y lo que no evoco vengara su amor con el cuchillo del vacío
unas ganas de correr
o de una profunda insatisfación no con mi vida, sino con lo que me rodea ahora, con lo que soy ahora
con la abstinencia del poema
como si volcada en el polvo
en esa voz que apuñala lo que nombran los ojos
pero sobretodo la sensación de absurdo
empañando donde poso
y este decir, sin paralelas
seco, jodido
clavado en la línea
cae por la inercia del no sentido
de un no sé qué hacer con lo que miro
ni con lo que siento
drogado por el azar de la muerte
que no tiene la belleza
y entre hormigón
baja porque aprendió a bajar
y la pesadilla que imagino a la vuelta de hoja
como un mal viaje
haciéndome cosa, mirándome cosa, con la piel cosa
de un hachís o síndrome de hacerse objeto que quedó de virus en mi cuerpo.
tengo miedo de lo que a veces me despierto al decir, de mi esperar a quedarme a solas para reescribir el afuera, no es un miedo de cobardía, sino de remordimiento,  de no tener casa, de de pronto perder el cuerpo, de alejarme de la vida a un lugar que sé imposible de habitar mucho tiempo, de sentir dentro de mí un metal que me convierte en algo en el que no hay casi sitio para mí.
si descarto mi incapacidad para formar parte de algo más de cinco líneas y hago que no ocurrió el desglosado de múltiple personalidad, para tener y dar y robar, con la misma mano, ya casi puedo vivir como hasta ahora vivo.
vuestros gritos tenían el cristal molido filtrado por la fatìdica confianza de compartir tumba
removidos y adulterados por un cadáver del que nunca quisisteis deshaceros
no debería estar aquí la primera persona del singular
cuando siembra muerte la dirección de miraros de a uno, de a solas
como una zancadilla que lleva al veneno
de vosotros con la tumba profanada por los separadores
y la sala de estar llena de tarjetas de visita
con el nombre de mi infancia, muerto por la pena
de seguir la traición sangrando la necesidad de no haberos conocido
si sois placenta.
tal vez hoy todavía pueda escribir algo
de su lágrima seca por el hierro, sólo mojando a los gorriones que se acercaban a mirar
de mi huella borrada por la furia de saber que estuve allí y no hice nada
de la genista que siempre estuvo en su monte
tal vez todavía
de su espanto, cuando calló el cielo, de la vergüenza del frío cuando no dije nada
tal vez todavía pueda
de los cristales que quedaron en el suelo cuando cerré la puerta
del horror que le pedí prestado
pensando en ella todo el viaje.
La interrupción de los sonidos de los vivos que reclaman y quejan y ruecan, rozando mi nombre, la presencia de mi ruido, cuando mi ruido se niega a sonar, hace que mi calma se subleve a la no presencia, ni un movimiento, ni una palabra, como si estuviera acuchillada igual que este silencio asesinado.
el embudo de la nada que arroja las palabras al intestino de un espacio sin memoria
un abotamiento habitado por el polen fumable del tiempo
sin hacer nada, sin tener nada
huérfana de mi historia, sin pretensión, sin pasado
no perdiendo ni ganando el segundo
no andar ni quietud
ni paz ni angustia
sin idioma
sin nada qué decirte si te acercas y preguntas
nada que darte ni pedirte
y la colección de búhos ciegos descociéndose en el garaje
o dónde la habías dejado con tu mano pluma de la palabra hiriente
y la tarde kamikace, la tarde que tú traes y he perdido
no sé dónde posar lo que he visto hoy
si acaso es verdad que es malo para mi salud quedarme a solas
hoy desconocí
se volvieron anónimas las ideas
y comunes todos los nombres en la escalera de espiral
y no tenía yo ni vino, las líneas que se iban desde los ojos
y él era la continuación de lo que no tenía inicio ni final
y el hueco era el ramal de ortigas, llenando el prado
todo hasta ahora
y no está
no
porque digo.

Calla tu muerte ahora que no tenemos nada qué decir de lo que traerán los días y la mía calla en tu mirar vagabundo que señala el destierro de nuestra pena sobre las horas que siguen a pesar de las manos que sujetan la necesidad de otras manos, en el recorrido de tu lamento, cayó mi vida, en la excusa de seguirte aunque pierdas, vi la ronca daga del verano clavarse en tu tumba que era también la mía o un vaso de whisky apurando este cuchillo que de no ser por ti, saldría de la hoja y acabaría con la literatura.
dejarme del rollo de metáforas que digan más que lo que dice ahora el revuelto de intestinos
hoy tacho todo lo que escribí ayer y no digo más atrás porque mi memoria a mayores, alcanza un día
vivo en ciclos de corta existencia, sólo a veces siento un siglo de hierro
lo que realmente forma mis días, está detrás de mi escritura y detrás de mi cotidiano
y sé con tristeza que no habrá una sola prueba que demuestre su existir
escribo para acercarme su espacio
pero a veces traiciono, ensucio y empobrezco su lengua
pongo a mi pesimismo, todas las letras
no hay una sola herida que no haya escrito
no hay una lágrima que no haya traido a mis putas palabras
pero cuánto río perdido

me siento una minusválida de la alegría
tal vez porque mi alegría no está en mi idioma
o porque mi dolor es vanidoso
porque aquel desierto fue largo y necesito escribir encima
porque aquella navaja me venció y quiero ser dueña ahora de la navaja
pero hay una mariposa de tinta que no quiere suicidarse
que ve agua y quiere decir agua para que haya agua.

La casa está en silencio como si ellos nunca hubieran nacido, la noche está detrás de la persiana, la mejor noche es la que se imagina y no la que se ve, entre las viejas rendijas, como si aquí sólo llegara su aliento de humo y uno de sus pasos que no querían llegar, pero suena, porque la noche anda y no la miro y tiene entre su garganta, las palabras que no pude decirle y se las lleva, allá dónde no llega el negro a diferenciar, porque la oscuridad cela los idiomas y se va, se adentra y roba, para sí, para sus manos vagabundas, mis pequeños cristales, para su sombra, los bienes de barro y hojalata, para su ebriedad, el conjuro de huecos y cigarros, se va, y nunca lleva, nunca da, sólo una huella, una respiración, y los jadeos, los toma, para su piel, los muertos de hoy, los que libraron, los que cayeron y yo que todavía no sé si perdí o gané, nada, sólo negro en el negro, para su rostro o para su adiós.
¿dónde están las horas de hoy? ahora que se derrama el día, busco el día, las palabras que no escribí, esas que me escriben y no las que escribo, se retuercen, se ansian, como una ilusión cayó la hoja y de todos los instantes, ahora una página en blanco, cerrar la puerta, pensar como si el pensamiento quitara la sed o acercara la luna, no he estado en ningún sitio y sin embargo me siento muy lejos, no tengo nada aquí, que es lo que siempre tengo, cuando me siento llena, pero me salgo del espacio, me raspa la pared, me resta el techo y se me hace muy larga la distancia entre mis manos....